11 enero, 2022

Autobiografía XXXVIII / Ausencias

 Por Juan Francisco

XXXVIIII

Este capítulo de mi vida es el reflejo más cercano de las convicciones que decidí seguir en una etapa compleja.

Me escapé de la ENTS el día que se llevó a cabo la sesión de fotografías para el anuario. Por lo tanto, no aparezco en ese fantástico álbum digital.

Antes del anuario, me obligaron a posar para la foto generacional en Rectoría. Brisa me obligó -como de costumbre-, con amenazas. No pagué por la dichosa foto gigante que se cuelga en las paredes a modo de presunción. Y si terminé usando la toga fue gracias a Brisa. Su capricho me costó trescientos pesos y eso que sólo usé ese disfraz por menos de una hora. En la foto de la generación aparezco con una sonrisa tan falsa como la honestidad de cualquier político.

Observé a varios de mis compañeros y compañeras ataviados con sus mejores vestiduras, pero eso no me importó. Por suerte, Conan y Amaury estuvieron conmigo ese día. Ellos hicieron de aquel día algo divertido.

Además, no fui al viaje de graduación con ninguno de los turnos. Me perdí de ese maravilloso y fantástico viaje plagado de alcohol, drogas, comida y orgías. Aunque me hubiera gustado conocer Puerto Vallarta. Quizás algún día visite ese lugar.

La fresa del pastel fue mi ausencia en la fiesta de graduación. Por desgracia había pagado tres lugares (de nueva cuenta obligado por Brisa). La cuenta ascendía a más de tres mil pesos. Pese a las quejas de mis padres y el murmullo de mis compañeros y compañeras, no me presenté ni vendí los lugares. Para ese entonces ya había terminado con Brisa. Lo que menos deseaba era verla de nuevo y menos a su pesada familia.

Aquella noche, mientras decenas de egresados bailaban, presumían trajes y vestidos y se embriagaban hasta el cansancio, yo estaba acostado en mi cama comiendo galletas acompañado por un buen libro. Esa noche dormí temprano con un grato sabor en el alma.

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