21 noviembre, 2020

Ojo de cabra


Mi familia y yo vivíamos en un rancho solitario, sólo llegabas a avistar otra casa después de media hora de viaje. Teníamos muchos animales. Yo me encargaba de alimentarlos y cuidarlos,  pero de entre ellos siempre me dio miedo una cabra. No era como las otras: su mirada me interrogaba, en ella podía ver el asomo de la inteligencia. Muchas veces se acercaba a mí y me miraba como si quisiera hablarme; yo la ahuyentaba, pero solo conseguía que su mirada se hiciera más brillante. A veces aparecían en mis sueños sus ojos de cabra, siempre fijos en mí, interpelándome. 


Con el paso del tiempo el temor que le tenía creció tanto que inventaba cualquier excusa para evitar hacer mis obligaciones. En una ocasión, me fue imposible inventar un nuevo pretexto, así que tuve que ir y darles de comer. La cabra estaba en el centro, con la mirada fija en mi dirección, cuando mis ojos se cruzaron con los suyos pude sentir como la sangre se iba de mi cara. Mareado vi como se transformaba en una especie de hombre, pero con cabeza aún de cabra. Se acercó a una velocidad inhumana, se detuvo frente a mí, mirando mis ojos fijamente. Permanecimos de esta manera por un tiempo que yo sentí interminable, yo sin poder gritar, con las piernas  enterradas a la tierra, cada vez más enloquecido. Cuando estaba por perder la conciencia escuché que alguien gritaba mi nombre, era mi padre acercándose, me volví hacia él y me desmayé.  




1 comentario:

  1. Hola Mariela, realmente es un relato aterrador. Para los que padecemos alguna fobia el hecho de encontrarnos frente al objeto o ser que motiva nuestros miedos es algo indescriptible; se trata de un momento de parálisis total y miedo irracional. Eso es precisamente lo que expresas magistralmente con tu relato: la transfiguración de un miedo interno en un ser infernal. Saludos.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.