Por Juan Francisco
Sabes,
sé que te casaste hace un año.
La
noticia no me sorprendió, ni un poco.
Justo
un día antes de enterarme, llegó el otoño
y me di cuenta que no percibía más tu aroma.
Esa
esencia dulce, como de fresas y estrellas,
desapareció
una noche de las más bellas.
Ese
dulce aroma tuyo de la esperanza,
entre
olor a miel y mirra,
se
marchó dejando una ajena lanza.
Aquella
que pretendía llegar a tus manos
para
animarte a volver a mí.
Hoy
que ya eres ajena como tu aroma
no
me queda más que vivir sin ti.
No
hay más esencias dulces en el viento
ni
sueños de tu regreso.
El
aroma de rosas que desprendía tu cuerpo
se
han secado y solo queda olor a muerto.
Sí,
huele a un cuerpo que descansa con otro
mientras
el mío se resigna a olvidar tu dulzura de nuevo.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.