Por Jimena
III
En mi cumpleaños número 12, llegó una ola de recuerdos de esa niñez tan espectacular, es decir, aquellas mañanas con olor a tierra mojada; el ir a moler el maíz; el barrer el patio; el sentarme a la mesa para tomar mi café; desayunar y lavar los platos para después irme a la escuela. Esa rutina que tanto odiaba ahora la extraño. ¡Qué ironía de la vida!
El día de la despedida de mis seres queridos, no me dolía tanto dejarlos, si no el ser separada de uno de mis amores. Así que el último día decidí ser una niña bien. Me refiero a aplicar la famosa frase de “calladita me veo más bonita” y ese día yo sería la más bonita. Por la mañana, barrí y no desayuné. Fui a casa de mi abuela a ver a Mari, para decirle que iríamos a ver el fútbol. Me iban a llevar a la terminal a las 5 de la tarde porque el autobús a la capital salía a las 7 de la noche.
El domingo cinco de julio del 2004, mi hermana y yo compramos con el dinero que Pecho Fierro nos dio, la última nieve con sabor a tutifruti, pero con apariencia de fresa. La comimos sin miedo de que nadie nos dijera nada. Creo que la tristeza en mí y en ella se reflejaba a flor de piel. Mari, se quedaría con mi abuela materna y yo tenía que irme a vivir a la capital. El entonces Distrito Federal me daba miedo y no era para menos, pues mi “todo” se convertía en nada y mi nada en todo.
Me despedí de ella el cinco de julio con la idea de que pronto nos volveríamos a ver. Así que me despedí de mi colonia, de mis amigas y de ese chico por el cual, había días que en mi estómago se escuchaba como un sonido de moscas locas. Ese día las travesuras y los planes de niña se acabaron, en ese mismo año mi tío Pecho Fierro falleció de una cirrosis y se fue sin probar el rico sabor a alcohol.
Hola Jimena. Se trata de un capítulo que pone punto final a los anteriores. Es el fin de una etapa, que como bien dices, era tu "todo". Sin embargo, también es el comienzo de una serie de etapas que te han colado en el lugar donde te encuentras en la actualidad. Lo que compartes con nosotros a través de este texto está lleno de emociones y sentimientos sobre el ocaso de tu infancia. No olvides que esos recuerdos no te abandonaran, siempre estarán contigo, al igual que las vivencias con aquellas personas tan importantes para ti. Saludos.
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