Por Julio César
VI
Cuando tenía 6 años, estando con los cuates de la cuadra en la tarde, por cierto, estábamos por un lote baldío al final de la calle donde se podía pasar a la otra calle sin problemas. Hoy en día no se puede pasar porque construyeron una casa en la otra calle y pusieron una cerca en lo que queda de ese lote. Sólo se puede pasar por la calle principal.
Retomando la historia, para mi desgracia me caí. ¡Vaya sentada que me di! Pero no me dolió. No pasó nada grave, por si se lo preguntan. Sólo me corté con un alambre cerca de la muñeca del brazo izquierdo; se podía ver bien la carne. No hubo sangre, no hubo dolor, no hubo desesperación, no lloré. Fui a la casa para que vieran lo que había pasado, me curaron y no pasó a mayores. Han pasado los años y solo queda la cicatriz con la forma de palomita, (como referencia la palomita Nike, ustedes disculpen el comercial). Por cierto, no tengo problemas con la movilidad de la mano y los dedos.
A los 8 años, estaba jugando con los mismos cuates de la cuadra a las escondidillas. Pasábamos por el mismo lote baldío y para variar, me caí de nuevo y me corté con un vidrio en la pierna izquierda. Para ser exactos: en el muslo izquierdo. Llegué a la casa cojeando y mostré la herida, para que me atendieran como es debido y no pasó a mayores, sólo quedó la cicatriz para el recuerdo. No había sangre que yo recuerde, simplemente una pequeña molestia.
En otra aventura de desgracias, (usted dirá, este cuate qué se trae con los accidentes), sólo les puedo decir: simplemente pasan. Meses después de la cortada de la pierna, en un juego de las escondidillas con los cuates de la cuadra otra vez, nos escondimos. ¿Dónde fue el escondite? Fácil: en una casa en construcción enfrente de la casa. (Por cierto, la casa sigue en obra negra, hasta hoy en día.) Yo me subí al segundo piso y me colé a la azotea de la casa de atrás para que no me viera el cuate que nos estaba buscando, pero nos encontró a todos. Para mi desgracia al bajarme, caí mal y me torcí el pie y se me inflamó. ¡Parecía un Pie grande! Me pregunto yo: ¿qué tengo con mi lado izquierdo? Porque es un imán de accidentes como golpes, raspones y cortadas ¡Qué alguien me explique!
Hola Julio. Es agradable notar que has tomado esa serie de accidentes de una forma despreocupada. Cuando somos niños nos metemos en cada problema, y en ocasiones no salimos limpios de ellos (hablando en el mismo sentido que bien conoces). Son gajes del oficio. Las cicatrices que nos dejan son un recordatorio de que nada ni nadie puede detenernos. Saludos.
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