28 abril, 2021

II/ La casa de la señora Sara

Por Estela

II

La estancia en ese lugar fue corto, de solo 3 meses. La casa era un contraste con aquella otra en el rancho Bardahl. Era un terreno muy reducido que antes había sido una barranca. Seguramente la señora Sara lo compró por lo barato que era o se lo adueñó. El cuarto donde vivimos tenía el techo de lámina de acero; una pared eran los cimientos de la casa contigua; el resto de las paredes eran maderas y plásticos para que no entrara el frío; el piso era de tierra e irregular. El baño era compartido con la señora Sara y su hijo. Había un retrete y una cortina como puerta. Mi mamá no nos dejaba ir solas. 

En los días soleados, mamá nos bañaba a mi hermana y a mí en una tina grande. Sentir los rayos del sol nos relajaba tanto, que daban ganas de no salir de la tina. En esa casa no había televisión, así que para nuestro entretenimiento había libros de Pulgarcito y Blancanieves o saltábamos en las camas. Hasta que un día me caí de la cama, me lastimé el labio y mi mamá no sabía si regañarme, llorar conmigo o correr al doctor. Optó por la tercera opción, pero al salir, me dijo con  voz amenazante: 

-¡Para que sigas brincando! Las camas son para dormir.


Mi papá le cortaba el pasto al patrón de mi tía Lucía. En su última visita,  el señor Víctor le había comentado a mi padre que le gustaría que nos fuéramos a vivir a su cabaña, así cuidaría del terreno y tendríamos donde vivir. 




1 comentario:

  1. Hola Estela. Es una anécdota que nos permite conocer lo difícil que fue el cambio de hogar, con todas las condiciones adversas que se presentaron. De cierta forma nos introduces a lo que sucederá en los años posteriores. Se abren nuevas oportunidades y con ellas llegan cambios para ti y tu familia.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.