19 mayo, 2021

Autobiografía / VII

 Por Jimena

VII

Era el mes de mayo, lo que significaba que por fin se terminaba la Secundaria. Por cierto no me ilusionó la idea de la fiesta de graduación y por lo cual le solicité a mi tía que no me obligaran a participar a tan apreciado y elegante evento. Ella respondió que le llevara la lista de precios y dependiendo de cuánto costara, decidirían si íbamos o no. Entonces mi parte creativa pronto salió a relucir.

Cuando me entregaron los folletos con los precios de los paquetes para la fiesta de graduación, enseguida realicé un resumen en una tabla de Excel en la cual los precios se incrementaron de forma no muy cara, pero que sabía que no era accesible para que fuéramos al evento. No es que no quisiera convivir con los compañeros, solo no quería encontrarme, una vez más, en una fiesta con un vestido pegado a mi cuerpo que me obligaba a no comer mucho para que no se me notara la panza; con tacones que me causaran dolor en los pies y que me hacían sentir como si caminara sobre los alfileres que usaba mi tía cuando costuraba.

Recuerdo que en un miércoles hice entrega a mi tía de tan bonita tabla de Excel y solo dijo: “Es mucho dinero si vamos todos”. Y enseguida contesté: -A mí no me ilusiona, pero como ustedes digan. Y así pasó una semana. Cuando preguntaron en el salón quiénes irían y cuántas personas, yo simplemente no levanté la mano para anotarme. Así se dio un fabuloso cierre de la etapa en la secundaria. Acudí el último día de clases y mi tía asistió a recoger los papeles. Ahí estaba Mariana, la increíble jefa de grupo, diciéndole a mi tía que era una lástima que no fuera a la fiesta de graduación. A lo cual mi tía respondió que no era posible. Y la increíble Mariana le dijo que aún estábamos a tiempo para anotarnos en su muy bien organizada lista y le entregó los folletos de los paquetes. La mirada de mi tía era de duda, pero no me comentó nada mientras estuvimos en la escuela y ni en el camino hacia la casa.

Cuando llegamos, yo me metí a mi cuarto a quitarme por última vez ese suéter de color verde, la playera blanca y esa falda de cuadritos, mientras daba gracias a Dios porque no me volví loca, resistí y aguanté los dos años de secundaria en un lugar donde no pertenecía de ninguna manera. De repente escuché un grito que decía: “Jimena ven acá”. La que gritaba era mi tía y mi papá que habían descubierto mi mentira. Solo me preguntaron si realmente no quería ir a la fiesta. Yo respondí que no y volvieron a preguntar porqué. Yo solo respondí: ¿Para qué?

Recuerdo que durante la cena, mi cabeza se imaginaba la fiesta de graduación y no me imaginaba feliz. Es que no eran las personas ni el lugar con quienes yo hubiera querido cerrar un ciclo de mi vida. No es que hubieran sido crueles los compañeros, simplemente no me ilusionaba la fiesta de graduación.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.