01 junio, 2021

Autobiografía IX / ¿La has visto?

Por Estela

IX

El segundo sábado de abril del 2008 llovió desde la tarde hasta la noche. Papá fue el último en llegar. Su ropa y zapatos se habían manchado de lodo; los dejó afuera de la casa, se cambió de inmediato y cenamos. De fondo, estaba el programa "Vidas engarzadas", que contaba la vida del cantante Sergio Gómez. Nos fuimos a dormir y aún continuaba el programa. Mamá ya se había dormido, cuando se escuchó el ruido de una piedra que tocó y resbaló por el techo. Cabe mencionar que este ruido lo hacían las visitas y familiares para anunciarse, pues el timbre de la puerta estaba retirado y no se escuchaba.

Papá fue al llamado y regresó agitado, despertó a mi mamá y dijo que era mi primo Noe buscando a su mamá, mi tía Lucila. Mamá contestó - “Quizá está con Chabe”. Con esa esperanza nos dormimos.

La mañana del domingo, no me acuerdo cómo nos dimos cuenta que mi tía estaba desaparecida. Mis tíos de Hidalgo llegaron ese domingo y todo el día la buscaron por todos lados: en su trabajo, con la gente más allegada a ella. El día lunes, Ana tenía una cita con el neurólogo, me tocó ir a la escuela y todos mis tíos, mi papá y gente cercana ya habían empezado a buscar, una vez más. En la iglesia del pueblo me encontré con Lau, y me pidió que dejáramos una vela pidiendo que la encontraran pronto. En la escuela no tenía ánimos para casi nada. Al salir de la escuela me fui a mi casa. Ahí había mucha gente, entre ellas la señora Sara. Apenas había dejado mi mochila, cuando un señor de negro entró a la casa y me dijo con voz gruesa: -¿Qué ropa traía tu papá el sábado y ayer?- Se la enseñé: era la misma llena de lodo. La agarró y la colocó en una bolsa. Y prosiguió con un interrogatorio:

-¿A qué se dedica tu papá?, ¿A qué hora llegó el sábado y ayer?- Yo contesté a todas sus preguntas.

Mamá y Ana llegaron por la tarde, después de su cita. Habían pasado al SEMEFO y a LOCATEL a darla por desaparecida. Mi mamá apenas cruzó el umbral de la puerta cuando la imprudente señora Sara le dio la noticia con nulo tacto: habían encontrado a mi tía muerta. Mi mamá se convirtió en un mar de lágrimas. Aún no lo podía creer: el último recuerdo que tenía de mi tía, era del viernes: un día antes de su desaparición, lavando la terraza de la casa del señor Víctor.

Papá no regresó hasta el día siguiente, era sospechoso porque mi tía lo mencionaba muchas veces en su diario y por la ropa llena de lodo. La investigación se archivó porque no había pruebas. Se dice que el esposo de mi tía aventó toda su ropa a un río. Cuando se realizó la prueba de ADN para analizar unos cabellos que le encontraron en las manos a mi tía, su marido y su hijo decidieron que era hora de cambiar de look y raparse.

A la familia, nos queda la esperanza de que se haga justicia. Pero de la divina, porque la del hombre se usa para proteger solo a los que tienen más poder adquisitivo. Después de este suceso mis papás tomaron la decisión de irnos a Atlacomulco, Edo. Mex. No me quería ir, pero mi voz no valía.

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