Por Gabriela
IV
La infancia tiene algo mágico pues sin importar de qué se trate, todo es posible. Aquello que para los adultos no es visible, para todo niño está ahí enfrente. Y es que conforme crecemos perdemos la capacidad de ver eso extraordinario que nos rodea. Y a mi parecer, no hay nada más mágico como el día de reyes, esperar con ilusión un juguete.
Aún recuerdo ese año en que yo pedí unos carritos y unos patines en mi carta. También pedí que les trajeran algo a mis papás porque se habían portado bien. Ernesto, Diego y yo pusimos nuestros zapatos con nuestras cartas adentro y también pusimos los zapatos de mis papás. Nos fuimos a dormir, pues hay que dormir para que los Reyes Magos lleguen en la noche a dejarte tus juguetes, para verlos por la mañana. A la mañana siguiente desperté antes que todos para ir al baño y cuando abrí los ojos y vi por la ventana a través de la cortina se deslumbraban tres sombras pasar con una bolsa cada quien y entonces mi asombro y alegría fueron tales que guardé silencio y me cubrí con las cobijas, pues los Reyes Magos estaban en mi casa dejando mis juguetes y los de mis hermanos. No podrían ser otras personas pues mis papás estaban durmiendo, ya que cuando desperté, los vi en su cama durmiendo. Esperé un rato para que se fueran, despertar a todos y decirles que vi a los Reyes Magos.
Las cosas mágicas o extrañas siempre pasan en mi vida. Desde duendes de casa que te esconden las cosas, hasta fantasmas y brujas en la carretera.
Cada vez que visitamos a mis tíos en Tlaxcala, siempre pasa algo interesante en el camino de ida o de regreso. Así el Carmen, es un pueblo que es atravesado por la carretera, donde hay una fábrica si no mal recuerdo donde elaboran cerveza o algo así, pues recuerdo muy bien los grandes tanques. En ese punto a veces parábamos para ponerle agua al carro. Una vez, vimos un par de hombres abrazados entre las penumbras, que se tambalean al caminar. Se veían desaparecer y aparecer más cerca, hasta desaparecer por completo al llegar a la carretera. Era curioso porque no aparecían del otro lado. Creemos que eran dos borrachos que los atropellaron al cruzar. ¿Sabes? Cuando las almas no se dan cuenta que han muerto, se quedan estacionadas en la tierra y es por eso que son fantasmas, porque no saben que ya han muerto.
Con respecto a las brujas, es común verlas volar en la noche como bolas de fuego arriba de los cerros en Hidalgo. Aquí en la ciudad no he visto ninguna, pero eso no quiere decir que aquí no haya. Al contrario, es común que se roben a los bebés que viven por las minas en Iztapalapa y en Tláhuac también. Dicen que los últimos niños que se comieron eran unas gemelas que no habían bautizado y después de 3 días las encontraron en una milpa (en las chinampas); de pie, todas pálidas y con un hoyo en la cabeza pues por ahí te chupan la sangre. Mi bisabuelo contaba que las brujas les sacaban la sangre a los niños para tener qué comer y la cocinaban poniéndola en cajetitos, esas cajitas de madera en las que luego venden cajeta. Mi mamá siempre nos puso las tijeras en forma de cruz bajo la almohada donde dormíamos para que la bruja no nos llevara.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.