29 julio, 2021

Autobiografía X / De esa agua no beberé

Por Ofelia

X

Casi por concluir el servicio social, surgió la oportunidad de trabajar en un hospital particular, pues resulta que Estivalis (compañera actual del trabajo), tiene una amiga (Reyna) en el área de investigación del hospital de perinatología. Y una mañana le habló por teléfono. Recuerdo que procesábamos en el laboratorio unas muestras de sangre, cuando entró Reyna. Nos preguntó si nos gustaría trabajar los fines de semana en el hospital, a lo cual respondimos mi compañera de servicio y yo, que sí. Posteriormente nos dijo: “Tienen que presentarse a una entrevista con la jefa Maricela, ya que es muy frecuente que falte personal el fin de semana”. Supongo que la mayoría , y más siendo jóvenes, prefieren trabajar entre semana y descansar los fines de semana.

Quien es muy sociable se va de fiesta. Lo digo, pues me tocó trabajar con una chica que literalmente, era muy fiestera: se iba los viernes o sábados a sus reuniones y terminando la fiesta se pasaba al hospital, a dormir en una salita de espera en lo que daba la hora de entrada, para checar a las 6:00 am. O sea que solo dormía como dos horas a lo mucho. Y pues claro, siendo joven uno no lo siente. A pesar de que era jornada acumulada y se trabajaba quince horas por día y lo pesado no solo era eso, cuando se juntaban los días festivos (que nos sé a quien se le ocurrió pasarlo a lunes) y se hacía más pesado trabajar 15 horas en tres días seguidos. Claro, no era muy frecuente, aunque yo lo hice por tres años.


Después me pasaron al turno de la semana (de lunes a viernes) en el horario vespertino. Trabajé en ese horario menos de un año, después se abrió una vacante en el turno mixto y por antigüedad me dieron el cambio. Pasó un año. Nunca lo imaginé, pues casi de la noche a la mañana, comencé a salir con un chico. Previo a esto, siempre intentaba hablarme. Yo siempre que me hablaba lo ignoraba. A veces recurría a mi papá y cuando pasaba con él, le decía: “Me gusta su hija”. Y él contestaba: ahí está. Me caía tan mal, que ni caso le hacía. Dice el dicho: “Nunca digas: de esa agua no he de beber”. Pasó un corto tiempo y ya estábamos viviendo juntos.

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