08 julio, 2021

Autobiografía XIII / Aprendizaje

 Por Jimena Morales

XIII

Todo empezó en la puerta de la preparatoria. Ahí era el punto de reunión y donde nos esperaba el camión que nos llevaría a Tecomatla al concurso de rondallas. Yo tenía que llegar a las 7 de la mañana porque como no tenía guitarra, tenía que firmar el documento de responsiva sobre la guitarra que me prestaría la preparatoria. Entonces llegué a las 6:50 am para estar atenta a todas las indicaciones. Y una vez que las escuchamos, nos dirigimos al camión.

Siempre había grupos y recuerdo perfectamente la manera en cómo nos sentamos: hasta atrás se encontraban los niños de las guitarras y los de las voces sopranos; en la parte de en medio, las niñas de guitarras y las populares del coro; después estábamos nosotras: las que no éramos excelentes y ni muy entonadas, pero las más disciplinadas. Así, nos decíamos a nosotras mismas. Este grupo se conformaba por Gris, Karla, Blanca, Elizabeth y yo.

Durante el camino se escuchaba que unos cantaban, tocaban las guitarras; otros estaban ligando y nosotras platicando. Llegando a Puebla el profe Salazar nos dijo:

-Vamos a desayunar y compren cosas para comer porque haremos 5 horas de viaje, aproximadamente.

Desayunamos quesadillas y unos se dirigieron a una tienda Oxxo. En el grupo que iba yo, no quisimos ir, solamente cooperamos para las Sabritas y los refrescos. Pasando Puebla llegó la primera prueba: me pasaron un vaso (según) de refresco, pero cuando me lo acerqué a la boca olía a licor. Entonces le dije a Gris que tenía alcohol. Gris solo me vio con una mirada de no digas nada para no parecer una soplona. A mi lado iba Marco, un chico con un cabello rizado brilloso y un cuerpo súper marcado, él estaba ahí porque era amigo de nosotras, pero antes me había tirado la onda. Yo le dejé claro que tenía novio y ya no volvió a insistir. Le tuve la confianza y le di el vaso a lo cual él sólo contestó: – Yo lo tomo y voy por más-.

Marco se fue a la parte de atrás y nos llevó una Coca cerrada y unos vasos. Durante el trayecto el profe solamente dijo: -Todo con medida. Y entonces entendí dos cosas: los prejuicios que tenían el señor ogro y mi tía, por una parte, y las decisiones que yo debía tomar durante esos momentos.

Cuando llegamos a Tecomatlan el profesor nos llevó a dos salones: en uno se quedarían las niñas y en otro los hombres. Nos mostró las colchonetas que nos tocarían, el auditorio donde comeríamos en la tarde y los baños donde nos podíamos bañar. Nosotros participaríamos al otro día a las 10 de la mañana, en el segundo grupo de participaciones. Por lo cual el profesor nos citó a las 6 de la tarde en el salón de las niñas para ensayar. Durante el ensayo todo fluyó y nos salía bien la canción Brazos de sol con la cual participamos. El ensayo duró 3 horas y después nos acercamos al espacio de las fogatas. La velada transcurrió sin más alcohol, pero cuando nos fuimos al salón, Saúl se acercó a Gris para preguntarle si nos uníamos a su grupo de fiesta en el auditorio, al cual nos unimos.

No es que fuéramos muy ingenuas, pero sabíamos que debíamos estar alerta ya que era nuestra primera vez para nosotras y sabíamos que alguna novatada nos harían. Todos empezamos a bailar unos con otros y en un descuido ya no vimos a Gris y a Saúl. Volteé a ver a las chicas y enseguida le marcamos pero no contestó. Marco enseguida nos vio preocupadas y preguntó qué nos pasaba. Le contamos la situación y nos dijo: -Les dije claramente: sin tomar y sin comer.

Nos vimos unas a otras y empezamos a buscar. Gris estaba sentada en unas escaleras y estaba algo obscuro. Estaba sola pero muy mareada, la llevamos casi arrastras al salón y Marco fue a buscar al profe. El profe mandó a buscar leche y le dimos a beber a Gris. Solo nos veíamos unos a otros. Saúl no aparecía y con el paso de las horas Gris se sintió mejor. Nos contó que Saúl le dio un vaso de agua de limón. Y dijo que solo se sintió mareada y Saúl la sacó para que tomara aire. Nos acostamos y yo solo pensaba lo culpable que me sentía en no habernos cuidado bien entre nosotras.

El profe Salazar nos citó a las 8 am. Ya debíamos estar listas y listos para participar. Ensayamos. Nadie durante el ensayo dijo nada. Nadie hablaba con nadie. Gris se seguía sintiendo mal y la mandaron al servicio médico. No participó y tampoco Saúl. Llegó el momento. Participamos, terminamos y fuimos al salón por nuestras cosas. El camión ya estaba ahí esperándonos. Gris durante todo el camino venía tomando suero. Todos seguían sin decir nada. Sinceramente yo solo lloraba. Nos veíamos unas a otras. Marco venía a lado de nosotras y Gris, a medio camino se pasó a su lugar y se quedó dormida. No comimos, no hablamos nada de nada. Llegando a la preparatoria, estaba el director y los papás de Gris y de Saúl. En resumen, a Gris la llevaron al médico y Saúl fue expulsado.

Después de dos semanas, Gris regresó a clases y entonces durante la ceremonia contó lo ocurrido. Confirmó que no había pasado a mayores, pero recuerdo sus palabras: “El enemigo puede estar en el amigo”. No dijo nada más y nos aclaró que no teníamos la culpa y ni ella. La culpa la tenía Saúl por tomar esa decisión. En lo personal me enojé con Marco porque me sentí traicionada; después lo hablamos y solucionamos la indiferencia. Conté lo ocurrido en la casa y mi tía junto con el señor ogro solo me escuchaban. Por primera vez no me regañaban solo escucharon. Al final aprendí que los riesgos están y que por más que nos cuidemos hay cosas que no podemos evitar.

Quedamos en sexto lugar. No sé ni cómo pasó eso, pero las participaciones fuera de la ciudad de la rondalla se cancelaron por un año.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

LPT: Cruzando la frontera de la ficción.