Por Estela
XX
Mi mamá y mi hermana me acompañaron a la Terminal de Autobuses del Norte. Recuerdo haber preguntado por los camiones que iban a Tula, con boleto en mano, pasé mi única maleta por el filtro de seguridad. Del otro lado del vidrio me despedí; vi cómo movieron sus labios pero no escuché lo que dijeron. Me senté del lado de la ventana para ver el paisaje. Al cabo de unas horas estábamos en la terminal de Tula. Con torpeza me uní a la fila para salir del camión. En la sala de espera estaba mi tío Martín, hermano de mi papá. Nos dirigimos a la catedral donde estuvieron vendiendo globos y burbujas después de las misas del domingo. Todo el día estuve ahí.
Así fueron todos los días: desde que amanecía hasta el anochecer, en la catedral o en la plaza Constitución. La casa era tan antigua que era normal que se desprendieran cachos de los blocks de adobe. La mayor parte era ocupada por los globos y el mobiliario para preparar la mercancía. Dormíamos todos juntos en la misma recámara pero en diferentes camas. Comíamos juntos y nos bañamos todos el mismo día, con un boiler de leña.
En las primeras semanas me ocupé en buscar escuelas preparatorias pero todas empezaban hasta agosto y yo sentía que era mucho tiempo de espera. Hasta que una preparatoria privada, tenía una vertiente a mitad de ciclo escolar: eran los grupos "R". Conformados por los estudiantes reprobados. Eran listas numerosas, que nunca fueron menos de 50; era un salón muy diverso, con diferentes intereses y necesidades. Me percaté que financiar aquella educación, le costaba a mi madre turnos dobles los fines de semana y mi boleta se llenó de 10 y 9 en las materias de matemáticas, física, química, filosofía y uno que otro 8 en historia y biología. Era fácil destacar con un buen promedio donde la mayoría del salón estaba ausente o sus padres les compraban las calificaciones.
No hice amigos, no me fui de fiesta cada fin de semana. De la casa de mis tíos iba a la escuela y por las tardes, les ayudaba a vender globos. No vi pasar los 2 primeros años por estar pendiente de Malinalli; de sus pasos, de imaginar una vida juntos, lejos de todos.
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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.