Por Rosario
XXIII
Como era bien sabido por todos, perdí un semestre de clases. Así que tuve que quedarme un semestre adicional al final para concluir con todos los créditos que necesitaba. Esa situación no me hacía feliz, pero era un trago amargo que debía pasar, la mayoría de mis amigos ya no iban a la escuela, habían terminado en tiempo y forma. Entonces, otra vez era un hongo en la escuela. O no tanto así, ya que conocía a otros chicos de generaciones menores y a veces pasaba el tiempo con ellos para no estar sola.
Con todo, ese último semestre fue pesado, me sentía mal por haberme quedado atorada en ese punto, pero era consecuencia de mis acciones y omisiones al inicio de la carrera. Solo quedaba seguir adelante.
En esos tiempos todavía trabajaba en el despacho fiscal; solo que ya no me sentía tan feliz en ese lugar. La materia no me apasionaba y ser la pasante de alguien de mi generación no me encantaba. Además mi intención era conocer la materia civil, me daba curiosidad y quería probar suerte allí.
Antes de concluir la escuela, la lic. Paty, del servicio social, me dijo que ella tenía una oportunidad laboral precisamente para litigar en materia civil y el sueldo era mucho mejor. Así que no lo pensé y renuncié de inmediato para cambiar de trabajo.
Hola Rosario. Este capítulo es una parteaguas entre el final de tu vida como estudiante -aunque todavía te faltaba un pasito más- y el inicio de una vida como profesionista. Describe una etapa de decisiones, reflexiones y procesos de adaptación que te impulsaron a seguir adelante. Saludos.
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