Por Rosario
XXIII
Con el cambio de trabajo mi situación económica se volvió un poco más desahogada. El tema era la distancia, pues mi lugar de trabajo me quedaba a más de dos horas de camino. Cuando me contrataron todavía estaba en la escuela, así que tenía que salir a mi hora para poder llegar a tiempo a clases, pero por lo general estaba muy presionada. El despacho se dedicaba a juicios especiales hipotecarios y la cartera era bastante extensa, por lo que tenía que revisar los expedientes de juzgados rápidamente para acabar a tiempo con la misión del día.
En algunas ocasiones iba a los juzgados del Estado de México y eso hacía más complicado regresar a tiempo para mis clases. La cuestión es que ya no quería quedarme más tiempo en la facultad, por lo que trataba de hacer las cosas a toda velocidad. Lo primordial era no reprobar materias y sacar buenas notas. Los escasos días que no iba a juzgados me quedaba a sacar copias o hacer escritos muy simples, casi no me dejaban redactar nada y odiaba las copias, me parecía absurdo y hasta ofensivo hacerlo porque creía que un universitario no estaba para ese tipo de tareas. El tiempo me enseñó que las cosas no eran así...
Poco tiempo después acabé la escuela. Trataba de mantener mi horario de medio tiempo, pero era difícil, ya que otros pasantes eran de tiempo completo y esperaban que yo también lo hiciera; sin incremento de sueldo, solo de funciones. Ningún jefe me dijo nada al contratarme, pero yo era la pasante que ganaba más y me quedaba medio tiempo, eso para los jefes y pasantes era molesto.
No recuerdo exactamente cuánto tiempo trabajé allí. Fue poco tiempo. Nunca me di cuenta o al menos no lo entendía: tuve algunos errores y decían que mi actitud con las copias y el horario no era la mejor, así que me despidieron. Antes de eso, pedí quedarme tiempo completo con un aumento de sueldo, pero no lo aprobaron.
Otra vez estaba en la encrucijada de encontrar trabajo. Ya tenía mis créditos completos, pero me faltaba el título. Ese objetivo era prioritario para mí. También me interesaba comenzar de tiempo completo en algún lugar.
Por cuestiones económicas parecía que hacer tesis era mi opción. Ya había elegido a un asesor, estaba en la búsqueda del tema, pero me daba flojera y me asustaba no hacerlo bien. Alguna vez ya había intentado hacer un diplomado para titularme, solo que no tenía ni un peso y tampoco aprobaron las exenciones de pago, así que mi corazón se rompió un poquito.
En esos días salió otro diplomado para titularse, tenía un ahorro muy pequeño, pero quería tomarlo para no pasar más tiempo sin hacerlo. Así que me di a la tarea de pedir dinero prestado para hacerlo. En ese intervalo platiqué con tía Tere del tema y ella ofreció hacerme un préstamo pequeño para reunir una parte, Cris también me ayudó con otra parte.
Recordemos que seguía sin trabajo, así que en esos días Nallely Elizabeth me ofreció empleo en el lugar donde ella trabajaba. Resulta que había conseguido una mejor oferta, así que se iba y en su despacho buscaban un pasante con mis características. No solo eso, sino que además querían a dos personas, una que realizará actividades de litigio y otra que prestara servicios a nombre del despacho en una empresa como auxiliar jurídico. Nallely me contó esa historia y me animó a solicitar los dos empleos: litigio matutino y empresa en la tarde, argumentando que necesitaba pagar mi diplomado. En efecto, así lo hice: me comuniqué por correo electrónico con el titular del despacho, ya que su sede principal estaba en Pachuca y todavía no teníamos los servicios de comunicación virtual actual. Cuando le expliqué que buscaba el trabajo de tiempo completo para pagar mi diplomado de titulación, me dijo que él podría ayudarme. Preguntó cuánto me hacía falta para pagarlo. Le dije que la mitad. Entonces me propuso hacerme una transferencia por esa cantidad. Acordamos que me harían descuentos quincenales vía nómina y comencé a trabajar el siguiente lunes.
Luego del préstamo de mi entonces jefe, más lo que aportaron tía Tere, Cris y mis ahorros, logré reunir la cantidad necesaria. Así que me inscribí al diplomado e hice todos los trámites necesarios para ello. El diplomado era en línea, sobre un tema no demasiado interesante para mí, pero era la mejor opción a la mano. Por fortuna también lo cursé con Nievat, así que nos ayudábamos con tareas y exámenes; incluso algunas veces hicimos equipo con otras chicas para entregar los trabajos a tiempo.
Al final del diplomado hicieron una ceremonia de entrega de reconocimientos, como éramos muchos en el grupo, solo podíamos llevar dos acompañantes, fueron papá y Cris conmigo. Ellos, al igual que yo, acudimos felices. Ese día Cris me regaló unas fotos del evento y se disculpó por no regalarme flores. Eso a mí no me importó: me bastaba con la felicidad de compartir ese logro con ellos. En esa época mi papá dio las primeras señales de la edad, nadie sabía lo que en realidad ocurría, ni siquiera él.
Hola Rosario. Este capítulo es inspirador para aquellos estudiantes que desean salir adelante cuando las adversidades se presentan en demasía. Estudiar y trabajar no es una mezcla que resulte agradable para quien la vive. Es un viacrusis que -en muchas ocasiones- no tiene salida ni final. Sin embargo, tu experiencia denota que es posible salir avante. Saludos.
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