Anécdota no. 1
Hace un “millón” de años, mi hermano y yo visitamos por un breve tiempo un lugar llamado Cerritos ubicado en un estado de la zona centro del país. No recuerdo después de cuánto tiempo ocurrió lo que a continuación narro.
Resulta que, como no teníamos ningún tipo de transporte que fuese más eficiente como un auto, siempre nos trasladábamos a nuestro lugar de trabajo en el único vehículo que estaba a nuestro alcance: una bicicleta.
Obviamente, quien conducía era mi hermano, -pues yo ni siquiera alcanzaba a subir a una bicicleta tan alta como lo era esa-, así que yo tenía que viajar en la parte de atrás con lo pies sobre los “diablos” y de pie. ¡Qué pesado, qué incómodo! Y ahora que lo pienso, qué peligroso era viajar de ese modo. Sobre todo para mí, pues además, de todo esto, el camino que recorríamos era pedregoso -dentro de las calles del pueblo-, y de terracería el resto del camino.
Un día, al salir rumbo al trabajo, íbamos un tanto presurosos para llegar a tiempo, cuando de pronto un pequeño grupo de chamacos nos empezó a lanzar piedras. Afortunadamente, ninguna piedra nos tocó. Pero tanto mi hermano como yo, nos sorprendimos de que algo así nos hubiese ocurrido, puesto que, nosotros éramos nuevos en ese lugar y no conocíamos a nadie como para tener problemas de alguna índole con alguien de ahí.
Mi hermano dijo: "Aquí no quieren a los que vienen de México". Es decir, a quienes vienen del D.F. (Antes, a la ciudad se le designaba de esta manera).
Fue un susto en ese momento, pero no pasó a mayores.
Hola Lucina. Me parece una anécdota bastante familiar. Se percibe esa esencia de camaradería entre hermanos. Considero que la historia requiere de otro título, otro nombre que la represente aún más. Quizás "Una aventura en familia" sería una alternativa para centrar la atención en la convivencia que tuviste con tu hermano, y no tanto en el lugar donde se narran los hechos. Saludos.
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