09 diciembre, 2021

Autobiografía / Vida ADO

 Por Rosario

XXVI

En esa época ya no estaba tan feliz con mi trabajo, todo era muy bueno, pero entendí que no amaba la vida nómada que implica el litigio, ni las limitaciones económicas al ser recién egresada, así que estuve buscando trabajo en diferentes bolsas, actualicé mi currículum e hice lo que estaba a mi alcance para encontrar otro trabajo. Pasaron algunos meses y no hubo éxito, hasta que de la nada y sin esperarlo, como suele suceder con esas cosas de la vida, recibí una llamada al celular en la que me convocaron a una entrevista en Grupo ADO.

Varias veces había visto las vacantes que publicaban y siempre mandé mi CV, pero en ningún caso me llamaron, así que esta entrevista era todo un suceso para mí. No me dieron grandes detalles, ni me dijeron para qué posición era, así que lo único que se me ocurrió que podía hacer era estudiar para prepararme un poco y así lo hice.

El día de la entrevista llegué apenas a tiempo, las indicaciones que me dieron para encontrar la oficina eran un poco confusas pero lo logré. De inmediato me llevaron a la entrevista con la abogada que tenía en su área la vacante, pero en recursos humanos no me dieron más detalles.

La abogada que me entrevistó se llama Erika, me preguntó si sabía de qué se trataba el puesto y le dije que no. Entonces me explicó que era para la Gerencia Societaria, para actividades principalmente relacionadas con el otorgamiento y revocación de poderes, aunque también debía apoyar a diferentes actividades si se daba el caso. Justo me hizo preguntas del tema que estudié, me aclaró que si pasaba esta etapa, se comunicarían conmigo para la segunda entrevista y de ser el caso, habría una tercera.

La propuesta económica era muy buena para mí en ese momento, se trataba de incrementar casi al doble mis ingresos, incluyendo prestaciones de ley, algunas superiores y sobre todo crecimiento, de la mano de la estabilidad laboral. A los pocos días me llamaron para una segunda entrevista. Ésta fue con el jefe de Erika: el Licenciado Alejandro. Es un tipo sumamente humano, muy inteligente y con una personalidad agradable. Con él la plática no fue tan técnica, sino más enfocada en mi estilo de vida y la forma de gestionar mis relaciones interpersonales, así como los conflictos con compañeros.

A los pocos días me llamaron para confirmarme que era la candidata elegida, debía incorporarme a trabajar uno de los últimos días de noviembre de 2014. Apenas tuve unos días para avisarle a mi jefe del cambio, le agradecí de sobremanera por la oportunidad de haber laborado con él, por todo su apoyo y enseñanzas. También hice lo propio con mi jefa de la empresa. Ambos me dieron cartas de recomendación y recibieron de muy buena gana mi cambio.

El día acordado me presenté en la TAPO, me sentía muy nerviosa y emocionada a la vez por iniciar otra etapa. Israel, su familia y la mía estaban felices y me desearon el mejor de los éxitos.

El primer día, (mi ahora jefa) Erika me explicó lo que debía hacer, cuáles eran mis actividades, los horarios y mi lugar de trabajo con un equipo de cómputo bastante obsoleto, pero que cumplía su función y que me permitía hacer lo necesario. Ese día una compañera me invitó a comer con ella y su grupo de amigos. Lo agradecí mucho, pues ya tenía mucha hambre y no sabía cómo funcionaba el servicio de comedor, ni los checadores.

Casi desde el primer momento y con la mayoría de los compañeros me sentí muy cómoda, poco a poco fui entendiendo cómo organizaban las escrituras, el archivo, la relación con la notaría, las bases que manejaban. Lo mejor de todo eran los compañeros, casi todos eran de mi edad y muy amables, era fácil encontrar afinidades con todos, además estaban próximas las fiestas decembrinas (¡hacían bastantes!). Ese año me tocaron tres y en todas tuve la oportunidad de conocer más a los jefes y a los colegas, la integración en ese lugar era de lo mejor, en las fiestas todos olvidaban un poco sus poses y egos, nos divertíamos codo a codo. Eso lo amé desde el principio.

Ese primer año no me tocó el arcón navideño. Por fortuna los años siguientes sí lo recibí y son bastante buenos porque los preparan con meses de anticipación. Eso, más el aguinaldo, las fiestas y el ambiente en general me mantuvieron muy feliz en ese trabajo por un tiempo. Solo que como siempre, yo quería crecer, aprender más cosas, conocer otros temas y ganar más. Mi Gerencia era de reciente creación, mi jefa inmediata y la Gerente también habían adquirido sus puestos recientemente. Eso implicaba que allí no podría crecer, por lo que me ofrecieron la posibilidad de cambiarme a la Gerencia de Contratos, era con el mismo sueldo, pero yo veía la oportunidad de adquirir más conocimientos y experiencia.

El cambio fue algo complicado para mí, pues tenía que capacitar a la abogada que entró en mi lugar en societario y al mismo tiempo cumplir con mis entregas en contratos, pese a estar dedicada medio tiempo a esa tarea. De la mejor manera en que pude hacerlo, concluí la capacitación y realicé mis primeras entregas en contratos. Con relativa facilidad entendí de qué se trataba el nuevo trabajo; me adapté al equipo de trabajo, pese a que uno de los abogados tenía serias deficiencias y los demás pagábamos por ello. Aún así hice todo lo que estaba en mis manos por aprender rápido y ayudarlo.

Estaba por cumplir tres meses en el área de contratos cuando mi jefa inmediata, Diana, me explicó que tenía una propuesta de trabajo muy buena y que por ello dejaría el trabajo. Nadie esperaba eso, ella tenía poco tiempo con ese nuevo cargo, así que era todo un suceso. En lo que definían qué pasaría con ese puesto me designaron como abogada a cargo del área. Éramos solo el abogado de los problemas y yo.

Por aquellos años y debido a la presión que tenía en el trabajo, decidí tomar terapia para buscar una manera de lidiar con mis emociones y al mismo tiempo para mejorar mi gestión en lo laboral. Acudí con una terapeuta que me recomendó una amiga de Israel; me parece que logramos avances interesantes e importantes con la parte laboral, también con mi relación con mi papá y con mis hermanas; incluso sobre algunos aspectos de mi infancia.

Me esforcé lo más que pude por conseguir el puesto que ya ocupaba, incluso trabajé fines de semana y madrugadas en casa con la esperanza de lograrlo. Sin embargo, éramos tres candidatos, yo era la única mujer y decidieron que todo se determinaría a través de exámenes psicométricos, los resultados dijeron que no me favorecieron, lo cierto es que el abogado elegido no sabía nada del área, me encargaron capacitarlo y además le dieron la facilidad de despedir al chico problema.

Como era de esperarse me sentí mucho muy enojada y decepcionada con ese resultado, tenía ganas de mandar el trabajo al demonio, pero mis deudas y responsabilidades no me permitían darme ese lujo, así que tuve que resistir y esperar un mejor momento para hacerlo.

A partir de eso, comencé a buscar trabajo, envié currículums y actualicé los que tenía en las bolsas de trabajo. Estaba decidida a cambiar de empleo lo antes posible, solo que buscaba un mejor salario y posición, consideraba que ya no era recién egresada y un plus a mi favor era la experiencia con que contaba. No tardé mucho en conseguir una entrevista en una empresa de trenes, mi perfil era el adecuado, solo había que pasar los exámenes y concluir el proceso de selección. En efecto conseguí pasar los exámenes y las entrevistas, lo que me permitió cambiar de trabajo en enero de 2018, recién había cumplido treinta años y ese nuevo empleo me hacía sentir muy feliz.

Cuando le expliqué a mi jefe en ADO que renunciaba estuvo a punto de desmayarse, se puso mal y es que apenas estaba encaminándose en el trabajo, pero ese asunto ya no era mi problema y no me importó. Incluso la gerente del área me ofreció la posibilidad de subir mi sueldo, pero le pedí que no lo hiciera, porque mi deseo de irme a otro lugar era en serio y no lo iba a olvidar. Al despedirme del director que eligió a mi competidor como jefe del área me dijo que él seguía firme con la idea de no haberme promovido, argumentando que no me consideraba lista para el cargo. Le respondí que ese interinato había implicado más experiencia para mí y justo por esa experiencia podía irme ahora mismo a otra empresa.

Parecía que los astros se habían alineado y que el universo me había hecho justicia con ese rápido cambio de trabajo. Lo cierto es que los designios y el destino a veces son extraños y juegan con nosotros, justo eso fue lo que pasó…

1 comentario:

  1. Hola Rosario. Cierras de una forma excelente tu relato. El final enlaza todo lo que mencionas y nos deja una lección de vida: El destino es caprichoso y misterioso. Me parece que este capítulo arroja bastante luz para aquellos -como yo- que seguimos buscando nuestro lugar en el mundo laboral. Saludos.

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LPT: Cruzando la frontera de la ficción.